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A.VI.VI.
cuenta con la colaboración de un grupo de profesionales,
como la
Dra. Silvia Weksel, el Dr. Ricardo Milio, entre otros,
que además, cada año realizan jornadas de
capacitación donde disertan varios profesionales que
trabajan en la temática, como el Dr. miguel Maldonado,
médico psiquiatra, y personal policial de la provincia,
para la mejor atención a las víctimas. La jornada que se
realizó el mes de noviembre que fue decretada de
interés provincial.
En abril de 2001, Candela González
(26) fue violada y golpeada en forma salvaje. Y
su madre, María Elena Leuzzi (52), tuvo que enfrentarse
de golpe a una realidad que desconocía, mientras la vida
de su hija se aferraba a una cama de terapia intensiva.
Ahora, cinco años después, las dos mujeres ya conocen
del dolor de unas 4.300 víctimas que vivieron lo mismo.
María Elena es la presidenta de Ayuda a Víctimas de
Violación (A.VI.VI.),
la única ONG del país que se ocupa de asistir a
chicas y chicos que fueron violados.
A.VI.VI.
comenzó a funcionar el 24 de junio de 2003, un día
después que un tribunal de San Isidro condenara a 28
años de cárcel —más la accesoria de reclusión por tiempo
indeterminado— a Javier Emilio Posadas, el hombre que
había violado a Candela, y a muchas otras mujeres.
Desde entonces
A.VI.VI.
asistió a un promedio de entre cuatro o cinco
víctimas por día. Según cuenta María Elena, en el 80
% de esos casos se hicieron las denuncias y algunos ya
fueron a juicio. La Justicia
ya condenó a 25 violadores en distintas partes del
país. "Al único que le dieron una condena ejemplar fue a
Posadas. El resto recibió penas lamentables que no
superan los seis años de prisión", afirma.
"El 20% de los 4.300 casos que asistimos fueron víctimas
de violadores ocasionales. El resto fueron casos
intrafamiliares. Es terrible, es como si viviéramos
en un país incestuoso", cuenta.
La sede de
A.VI.VI.
es la humilde casa de María Emilia y Candela. Está en
Sarratea y Carlos Casares, en Virreyes. Aunque
próximamente (por una gestión de la Municipalidad de San
Fernando) van a tener una oficina propia. "El teléfono
puede sonar a cualquier hora. Y nosotras tenemos que
estar listas para salir. Si la violación es acá en zona
Norte, nos pasa a buscar un patrullero. Pero si nos
llaman de otro lado tenemos que ir por nuestros propios
medios", cuenta Candela.
Por orden del ministro de Seguridad bonaerense, León
Arslanián, en todas las comisarías de la provincia
hay un cartel de
A.VI.VI.
en el que figura el número de teléfono de la
organización.
Cuando alguna de las dos llega a la comisaría y se
encuentra con una chica que fue violada piden a los
policías que las dejen a solas. "Primero les damos
contención y después les sugerimos que es necesario que
entreguen sus ropas para preservar los rastros.
Luego las acompañamos a un hospital para que les hagan
un hisopado y conseguir el ADN del atacante y también
para que las mediquen contra la hepatitis B y el virus
del sida", relatan madre e hija.
En el hospital también se aseguran de que la víctima no
esté embarazada. "Tenemos que prevenir nuevos casos
Tejerina (alude a Romina Tejerina, la chica jujeña que
mató a su bebé concebido en una violación y que fue
condenada a 14 años de prisión). Por suerte, de los
4.300 casos que asistimos, hasta ahora no hubo ningún
embarazo", señala.
Después de formalizar la denuncia,
A.VI.VI.
asiste a la víctima con psicólogos debido al estrés
postraumático que sufren. Para eso hay sesiones
individuales, grupales, familiares y grupos de autoayuda
que, muchas veces, son encabezados por Candela.
A la primera contención y la asistencia psicológica
después se suma la asesoría legal. Como los delitos
sexuales son de índole privada, si la víctima no
insta a la acción no hay investigación.
"Tratamos de que todas las chicas violadas hagan las
denuncias porque es la única forma de detener y luego
condenar a un violador, dice María Elena. Además,
A.VI.VI.
tiene un grupo de abogados (lo encabezan Lucas Courtade
y Gustavo Triensta) que colaboran con la ONG.
Para María Elena en el país debería haber fiscalías
especializadas en delitos sexuales, un banco nacional de
datos de ADN y cárceles sólo para violadores. "Esas
—sostiene— serían buenas medidas para empezar a combatir
el tema con seriedad". |